Por Arkaitz Galindez del Equipo de Trail de OS2O

Tras una temporada marcada por la lesión del pie que me ha tenido largo tiempo en el dique seco sin poder competir, un mes de agosto sin molestias me hacía ver la posibilidad de que aún con muy poco entrenamiento a mis espaldas, cabía la posibilidad de acudir a la meca del Trail y estar en Chamonix la última semana de agosto.

Y así nos dirigimos mis dos grandes apoyos (que son mi mujer y mi hija) y yo, rumbo a Chamonix con la única pretensión de poder disfrutar de un entorno mágico como son los Alpes y de todo lo que rodea a esta carrera que es mágico.

Después de días de turismo por Chamonix en los cuales toca pasar el control de material, recoger el dorsal, hablar con amigos etc.. llega por fin el día 30 de agosto. Un día que llevo mucho tiempo esperando pero al que llego con muchas dudas porque sé que físicamente no llego nada bien y el pie no sé cómo me responderá.

LA CARRERA

2:50 de la mañana y ya suena el despertador, pronto, ya que hay que desayunar, coger el material e ir al autobús que sale de Chamonix hacia Courmayer para a las seis de la mañana darle la salida a la que dicen es la carrera más alpina de las cuatro que se disputan (OCC, CCC, UTMB y TDS).

Una vez en Courmayer toca dejar la bolsa con la ropa de cambio que llevará la organización a Cormet de Roseland, km 66 de carrera.

Llegan las seis de la mañana y con una previsión de tiempo buena, algo calurosa hacia el mediodía, se da la salida. La gente sale rápido pero yo sé a qué he venido, a disfrutar, o eso pensaba yo.

Pasan los kilómetros y voy disfrutando, viendo amanecer en este paraíso y alegrándome la vista con lo que estos paisajes nos ofrecen. Mientras procuro seguir la estrategia marcada de alimentarme e hidratarme  bien. Y así van pasando las horas y llego al último avituallamiento que hay en zona italiana, St  Bernard (KM 36). Y es aquí donde empieza lo que para mí va a ser la carrera en la que psicológicamente más he sufrido de todas las que he realizado hasta la fecha. Una parada para mear y ¡¡sorpresa!! Orino sangre y esto me preocupa. Procuro en los 15 kilómetros que hay de bajada hasta Sant Maurice, beber más de lo que lo había hecho anteriormente para ver si así le doy la vuelta a esta situación, pero nada, sigo parando para mear y el color de la orina sigue siendo roja. No tengo dolor ninguno así que creo que estoy bastante deshidratado y que no he bebido lo que mi cuerpo iba perdiendo.

En el avituallamiento de Sant Maurice, decido parar una media hora y beber todo el líquido posible para a ver si así consigo darle la vuelta. Aviso a Saioa de que estoy bien pero que no se asuste si en el seguimiento de carrera me ve mucho tiempo parado. Ella me anima y eso me tranquiliza.

La deshidratación ha hecho que el estómago este medio cerrado y al haber bebido tanto líquido en tampoco tiempo hace que no me esté alimentando bien. Y todo esto cuando nos disponemos a subir lo que es la mayor de las subidas de toda la carrera (punto en el que la organización incluso avisa de que si no se está bien, no se haga el ascenso hasta Passeur de Pralognan ya que hay mucha gente por su dureza, es aquí donde se retira).

Una subida de 10 km con 2000 metros de desnivel positivo. Esta subida se me hace eterna, consigo darle la vuelta al color de la orina pero voy vacío, sin fuerzas, pasando un calor impresionante, viendo gente pararse de lo mal que va, y yo……no voy mejor. Consigo llegar a duras penas al Fort de Platte, km 56 de carrera y voy muerto. Paro para beber un poco de agua, me siento en una piedra para descansar pero estoy reventado, sin apenas haber comido nada y ¡¡¡¡todavía me queda más de media carrera!!!!

Psicológicamente estoy hundido, 9 horas y pico de carrera y a lo que había venido que era disfrutar, nada de nada. Tengo en la cabeza el abandonar, la carrera al ritmo que voy se me va a ir en horas y no estoy mentalizado para tal sufrimiento.

Esto me lleva a llamar a Saioa, y contarle como estoy. Hablar con ella hace que no quiera fallarlas, me han acompañado hasta aquí, solo para verme llegar a meta. Me tranquiliza y me dice que tranquilo, que da igual las horas, que me anime, sé que si me retiro me voy a arrepentir y no quiero.

¡Conseguido!, cambio de chip. Hay que terminar, da igual las horas, quiero ser finisher y ahora sí que estoy convencido de lograrlo. Tiro para delante a un ritmo lento, pero sigo que no es poco. Empiezo a animarme y a levantar la cabeza para disfrutar de los Alpes, ¿es a eso a lo que había venido no? Me empieza a entrar hambre y eso es muy buena señal. Llego a Cormet de Roseland, me cambio de ropa y después de comerme dos platos de macarrones, sigo.

Y así van pasando los kilómetros y las horas, lentos muy lentos y sufriendo mucho, pero pasan. Y llega la noche, saco el frontal y aquí empieza otra batalla, a la noche hay que sumarle el cansancio acumulado que llevo. En el km 77 en Col de Est de la Gitte, me entra sueño y decido meterme en una tienda de campaña que dispone la organización para tumbarme y dormir unos 10 minutos para ver si consigo resetear al cuerpo y quitarle ese sopor que llevo encima. Dormir no me duermo pero me levanto mejor. De aquí otros 10 km hasta Col de Yoli (KM 88). Misma jugada, llegar al avituallamiento y volver a “dormir” otros 10-15 minutos. Salgo y toca bajar hasta Les Contamines, bajar resulta ser un suplicio también, andando y con dolor en la punta del pie (de las bajadas el dedo gordo se ha resentido y me duele).

Sigo con el ritual, llegar a Les Contamines (KM 96), echarme un rato y me dispongo a realizar el último tramo duro de la TDS, 16 km con 1500+, y esto ¡¡¡con 19 horas de paliza en el cuerpo!!! Menuda tortura que me espera. Hay dos subidas muy fuertes, la primera se hace eterna pero la segunda, la que corona el Col de Tricot es…….durísima!!! Muy vertical y es aquí donde después de 23 horas la lesión vuelve a aparecer. Pero la verdad es que ya me da igual, no es lo que más me molesta.

Comenzamos a bajar y ¡¡sorpresa!! El frontal se apaga, saco el de repuesto pero este alumbrar lo que se dice alumbrar….no hace mucho, y si a esto le sumas que la bajada es bastante técnica pues tenemos como consecuencia el bajar casi más lento de lo que subía. Espero no matarme en el intento…

Y ya por fin, llego a Les Houches, kilómetro 112 de carrera y último avituallamiento de la ultra. Ahora Siiiii, ya está, son 8km hasta la meta de Chamonix y encima me vuelve a entrar el hambre así que buena señal. Como queso en el avituallamiento y me encuentro como no me había encontrado en las últimas horas de carrera. Salgo trotando dirección Chamonix, es un terreno bastante corrible, sin subidas.

La claridad empieza a hacer presencia, se visualiza el glaciar de Les Bossons, el Aiguille du Midi…, voy disfrutando de este momento y emocionado entro en las calles de Chamonix. 25 horas y cruzo la META. Ese arco con el que tanto he soñado a lo largo de la carrera.

Tiempo suficiente para haber puesto el cuerpo y la cabeza al límite, horas en las que la cantidad de sentimientos que pueden llegar a pasársele a uno por la cabeza son indescriptibles, momentos en los que desearías no estar allí, miles de emociones, miles de preguntas…. Lágrimas que al ver a mi hija y mujer en meta se desprenden de los ojos. Y es que ha costado mucho, lo fácil hubiese sido retirame, pero ahora puedo decir que ya está, conseguido.

Es probable que la gente no entienda por qué sufrir tanto, por qué si no se disfruta se sigue hacia delante… pero es que no hay nada que entender. La satisfacción de haber llegado a Chamonix después de toda esta aventura (porque los ultras son eso..aventuras, yo así lo veo) me ha dado una satisfacción y alegría que me lleva a decir SI ha merecido la pena!!!

Chamonix…ha sido un placer. Volveremos.