Ya hacía algún tiempo que no nos juntábamos los cuatro hipermegamotivados del Alpine Team de OS2O, y el último fin de semana de Noviembre encontramos la excusa perfecta para salir al monte y estrenar las nuevas prendas que OS2O nos ha dado para esta temporada invernal.

La idea no estaba del todo clara, pues una prematura nevada de días atrás nos empujaba a empezar el fin de semana destrozando nuestros esquís en alguna ladera con algo de manto y muchas piedras-trampa. Pero al final conseguimos dejar a un lado nuestra ansia invernal y pensar un poco con la cabeza, que para eso la tenemos, y decidimos que lo mejor sería huir de las nieves y buscar alguna tapia soleada donde dar rienda suelta a nuestra desbordante energía.

Fueron muchas las veces que se nos calentaba la boca hablando de que tendríamos que hacer una quedada orientada a la escalada artificial, casi siempre durante la típica conversación al pie de una cerveza, y que como suele ser ocurrir en es tipo de charlas, casi todo acaba en buenas intenciones y pocas acciones.

Pero esta vez estábamos dispuestos a llevar a cabo esas intenciones, así que el lugar elegido no podía ser otro que Vilanova de Mèia. Cuna de la escalada artificial peninsular, supone un perfecto y extenso terreno de juego para unos paquetes como nosotros en este estilo. Como no podía ser de otra manera, Julen, el “artificiero” del equipo no podía estar más contento con el destino escogido.

 

Salimos el sábado de Zaragoza bien temprano y pese al madrugón, el imprescindible pincho de tortilla para almorzar hizo que nos retrasáramos un poquito en la hora de llegada a Vilanova.

Juan y Julen llevaban los deberes hechos y sabían perfectamente en que vía irían a clavar sus pitones y colgar sus estribos: objetivo “Correfoc”(225m, 6b/A2). Pero Óscar y yo como auténticos ases de la improvisación no teníamos ni idea de en qué vía meternos, y tras varias ojeadas al libro de reseñas de Luichy conseguimos decidirnos por la “STAE”(265m, 6b/A2), vía de la que no tenemos ningún tipo de referencia salvo la reseña y la certeza de que un buen puñado de buriles nos esperan para ser testados.

Ahora tocaba elegir material y ropa, ya que de este día otoñal se podría esperar cualquier cosa, desde una insolación a una mojadura en toda regla.

Por fin, a las 11 de la mañana ponemos rumbo a la delirante pared de la “Roca del Arcs”, bien pertrechados con nuestras Hoka Pullover y las Insulation Jacket para “por si acaso”. Y por supuesto cargados como borricos, ya que esto del artificial requiere gran cantidad de material y más aún cuando se tiene una ligera sensación de mieditis en las tripas.

Me resulta imposible no ponerme nervioso mientras aseguro a Óscar, que gestiona hábilmente un largo de verdadero barro vertical con pocas y dudosas protecciones, al tiempo que escucho a Juan en su vía gritar una y otra vez “al loorooo” entre golpes de maza. Por fin toca mi turno y me lío a colgarme de estribos, clavos, buriles y demás piezas de dudosa procedencia y estabilidad. Pero los metros se van sucediendo y tras cuatro horas y dos laboriosos largos de artifo conseguimos superar el techo clave de la vía en A2, ahora nos quedan por delante cinco largos de libre sobre roca “sputnik” y las prisas para no tener que encender el frontal antes de tiempo.

Con las últimas luces pisamos la cumbre de la Roca dels Arcs, al tiempo que lo hacían también  Juan y Julen. Risas, abrazos y voces emocionadas contando las “batallitas” de sendas vías antes de iniciar la bajada en la oscuridad de la noche. Tras unos cuantos sube y baja perdidos como jabalís entre sendas y vegetación mediterránea (de la que pincha), conseguimos enderezar el camino y volver al coche  a tiempo pero inquietos ante la perspectiva de quedarnos sin cena y sin cerveza en el bar Cirera de Vilanova.

Empezamos la noche bajo las estrellas, pero éstas acabaron convirtiéndose en gotas de agua sobre nuestros sacos obligándonos a trasladar el campamento, mientras una surrealista fila de coches llegaba a nuestro vivac en mitad de la noche.

No sin pereza, conseguimos salir del saco a una hora poco conveniente todavía cansados del día anterior y del exceso de movimiento nocturno. Finalmente nos desperezamos a golpe de café y tras breves dilaciones decidimos poner rumbo hacia el Pilar del Segre bajo un cielo gris de aspecto impredecible. Ataviados con nuestra ropita nueva y cargados de material como para equipar dos cordadas en la “Nose” de Yosemite nos plantamos bajo el majestuoso Pilar. Roca desdeñable mezclada con algunos paños que harían las delicias de cualquier escalador deportivo es la tónica de estas paredes.

Tras deambular bajo el muro buscando las lineas más apetecibles, Óscar y Julen se animan con los primeros largos de “Gravity Zero”(A2) y “La historia Interminable” (A2+) que resuelven con maestría en clavaderos de falcas y algún que otro susto seguido de unos irremediables sudores. Juan y yo nos aplicamos en la faena de desclavar los trabajosos largos y así finiquitamos la jornada escaladora. Para rematar el fin de semana degustamos una hamburguesa en el Cirera antes de volvernos para casita, ya con la mente relajada y el cuerpo desgastado tras un par de días donde  muchas risas  y algunos temblores sobre estribos fueron los indiscutibles protagonistas.

Con el firme propósito de repetir alguna hazaña artificiera, nos despedimos hasta la próxima quedada. Esta vez con el objetivo indiscutible de estrenar por fin la temporada invernal como merece.

Carlos Garrido Iglesias