Arenisca, granito y hielo en el corazón de EEUU

Por Javi Antoñanzas del OS2O Alpine Team

Cuando todo parecía indicar que estas navidades me iba a quedar sin turrón, Unai decide hacerme una visita a Colorado“No te olvides de traer del duro y del blando, ¿eh?”, le digo a Unai mientras planeamos los ambiciosos objetivos del viaje. En apenas una semana y media queremos exprimir todo lo que esta zona del interior de EEUU puede ofrecernos.

Hacer un viaje de escalada en roca, en invierno, y además por Utah y Colorado puede parecer suicida debido en gran parte a las bajas temperaturas, las cuales  pueden descender hasta los – 20º grados por la noche. Sin embargo, los encantos de un desierto nevado y solitario son difíciles de ignorar. Tanto es así que, personalmente, no recomendaría otra época que no fuese invierno para escalar a gusto en un lugar como este. Si bien es cierto que únicamente se pueden escalar vías en la cara sur, la belleza y soledad del entorno compensan con creces las penurias que se puedan pasar.

Unai pone rumbo a a Utah.  Anya y yo le esperamos en el aeropuerto de Denver y ponemos rumbo a Moab, epicentro de las escaladas en el desierto de Utah. Nos sorprende comprobar que hay mucha más nieve en el desierto que en las Montañas Rocosas, las cuales acabamos de atravesar por puertos superiores a los 3000 metros. El primer día, como toma de contacto decidimos escalar en el fotogénico Castle Valley. Su cómodo acceso y proximidad a Moab hacen de este, el sitio más popular para escalar sus famosas torres de arenisca.

Aproximando con Castleton Tower al fondo

La vía elegida es Fine Jade 120m, 6c, situada una torre en forma de tepuy llamada Rectory, cuya cumbre se estira, llana, durante unos 300 metros. La elegimos porque pensamos que puede ser una buena introducción a la escalada en el desierto. La vía recorre un sistema continuo de fisuras hasta la cumbre con roca de gran calidad. Disfrutamos de cada metro y se nos antoja corta.

Anya disfrutando de las fisuras de Fine Jade

Hacia el noreste se perfilan las Fisher Towers, escenario de algunas de las historias de escalada más terroríficas.  Al noroeste el río Colorado se abre paso horadando un profundo cañón. Por el suroeste asoma el parque nacional de Arches. ¡Que maravilla, la nieve lo cubre todo!. Disfrutamos como niños de aquel espectáculo visual durante casi una hora.

Con el telón de fondo de Castleton Tower

Nuestro siguiente objetivo para los próximos días es el parque nacional de Canyonlands, en el cual nos internamos esa misma noche. No obstante, tenemos ciertas dudas sobre si será posible llegar a la zona de escalada debido a la gran cantidad de nieve depositada sobre la pista. De por si, esto ya es un reto para un 4×4 en estas fechas. Por desgracia, nosotros no tenemos un 4×4 y además le tenemos una gran estima a nuestro vehículo.  Por suerte, con más de algún suspiro por parte de la conductora llegamos al campamento en Taylor Canyon. La luna riela en la superficie nevada y la silueta de las torres que hemos venido a escalar se distingue perfectamente. Durante los siguientes días estaremos completamente solos.

Moses y Zeus son dos torres cercanas que cuentan con algunas de las mejores vías del desierto. En la primera torre escalamos Primrose Dihedrals, considerada para muchos la joya del lugar. La vía es sostenida y nos pone en nuestro sitio (del que nunca debimos salir…) en más de un largo.

Primeros metros de Primrose Dihedrals, torre Moses

La llegada a cumbre se encuentra cubierta por la nieve y dota a la ascensión de un carácter desértico-alpino. Al día siguiente atacamos la torre Zeus por la vía Sisyphus, una de las más estéticas que hemos escalado.

Ambiente en la vía Sisyphus a la torre Zeus

Un aparentemente sencillo largo de tan solo 4º grados me retiene durante más de media hora hasta que doy con la solución al off-width. Aquí, o le aplicas un poco de filosofía al asunto o más de un escalador se iría a casa con depresión…

Felicidad en la cima de Zeus

Es de sobra sabido que acampar en condiciones de frío es sufrido. Nos movemos con el ritmo del sol. Los desayunos se alargan a base de café caliente hasta que el sol empieza a templar un poco nuestra piel. Son las 10.00 de la mañana. Debemos tener en mente poner los bidones de agua tras el parabrisas del coche para que se deshielen durante el día. Cuando cae la noche, sobre las 17.30 de la tarde, la temperatura desciende en picado y las cenas no se alargan más de lo necesario. La imposibilidad de encender un fuego para alegrar la velada (ni hay madera, ni está permitido) hace que durmamos más de 12 horas al día. No obstante, esto no es ni mucho menos un problema para nosotros. Recuperación perfecta.

Alegría en el campamento al recibir al sol. Moses y Zeus se ven al fondo a la izquierda

Amanece. Treinta y uno de diciembre. Para el último día del año, elegimos descender a Monument Basin. Personalmente, lo considero el lugar más especial de los que he conocido por aquí. Debido a que no podemos acceder por White Rim Road, la pista que serpentea por uno de los estratos inferiores de Canyonlands, al carecer de 4×4 y de tiempo para recorrerla, aproximaremos desde uno de los miradores en la carretera principal. La vía en cuestión se encuentra unos 450 metros de desnivel debajo de nosotros.

Tímido amanecer el del último día del año. Monument Basin ocupa la cuenca inferior

El primer farallón rocoso se desciende a través de unas viras por sitios improbables vistos desde arriba. A ello le sigue una pendiente de roca suelta y algún que otro destrepe aislado. Así llegamos a la White Rim Road, donde Anya y yo hace apenas un mes habíamos llegado con todoterreno. El destrepe y la cuerda fija para acceder a Monument Basin tampoco son fáciles de localizar. Por suerte los conocíamos de la vez pasada.

Monument Basin es el estrato o piso inferior de los que se compone Canyonlands. A lo largo del tiempo, los ríos Colorado y Verde han ido erosionando la superficie, limando con facilidad las capas de arenisca blanda y dejando en la superficie capas de rocas más duras, que son las que conforman la base de los estratos. Este estrato se compone de un laberinto de cañones y torres en plena erosión, algunas ya colapsadas y otras que pronto seguirán su ejemplo. Cuando le preguntaron a Layton Kor por qué había subido Standing Rock, dijo honestamente: “Porque no siempre estará allí”.

Standing Rock y sus compañeras en Monument Basin

En esta ocasión, la torre elegida  es Shark’s Fin, la cual escalaremos a través de la arista sureste, llamada Fetish Arete. La confianza de escalar un grado aparentemente amable, 6b+, se ve mermada al comprobar la calidad del barro, que no roca, sobre el que se desarrolla la escalada. Toca aplicarse, mantener tres puntos de apoyo sobre la pared y… coser los largos.

Iniciando Fetish Arete, hoy no gozaremos del sol

Ambientazo en Shark’s Fin

Llegamos al suelo con las últimas luces del día y emprendemos el agotador regreso al coche,  subiendo paso a paso hasta la carretera principal. A escasos 20 metros de finalizar la ascensión a la meseta Anya sufre una pájara digna del una etapa reina del Tour de Francia, no se puede casi ni mover. Demasiadas horas de esfuerzo y frío sin casi comida. Unai corre al coche a por comida. Tras media tableta de turrón Suchard, Anya parece completamente resucitada. Con la moral y la energía recuperada nos apresuramos a llegar a Moab para la cena de nochevieja. Son las 8 de la tarde y casi todos los restaurantes están ya cerrados. A punto de resignarnos a cenar unas hamburguesas del McDonald’s encontramos un restaurante tailandés, ufff… ¡cena salvada!

Tras una visita al parque nacional de Arches, emprendemos regreso a Colorado. Los días por el desierto han sido provechosos, pero ahora queremos probar suerte en el granito. Anya nos reemplaza por sus estudios y Unai y yo nos dirigimos a South Platte, una extensa área al suroeste de Denver que cuenta con innumerables riscos para escalar. Esta zona la conozco bien, pues es mi patio del recreo para las excursiones de fin de semana. Le llevo a una vía que llevaba tiempo queriendo hacer. Abierta en 1986, apenas cuenta con un puñado de ascensiones por lo que pudimos comprobar al escalarla. La vía en cuestión se llama Barracuda, 150m 7a. Ver a Unai resoplando y dudando en un 6b+ indicaba el carácter de la vía ya desde el primer largo. La siguiente tirada enlazaba dos sistemas de fisuras. Del final de la primera al inicio de la segunda, cuatro metros más a la derecha, se extendía una pared lisa y apenas unos agarres milimétricos permitían la progresión. Este tramo me rechazó en innumerables ocasiones. Lo mismo sucedía al final de la segunda fisura, una placa lisa sin relieve me separaba de la reunión. Me colgué de un friend para poner unos seguros a prueba de bombas un poco más altos y con técnicas de levitación conseguí «exitosamente» llegar a buen puerto.

A punto de abandonar la seguridad de la fisura

El siguiente largo lo toreaba Unai, una placa de adherencia abierta con sangre fría. La progresión hasta ahora había sido lenta, tirando a tropical, y para cuando empiezo el último largo, de apenas 20 metros, el día empieza a caer. Surgen las dudas. Coincidimos en que escalar un largo de adherencia expuesto con escasa visibilidad no es buena idea y con cierta pesadumbre después de todo el esfuerzo realizado iniciamos la retirada. Unai repite el mantra de “Soldado que huye sirve para otra batalla”.

Intento infructuoso al último largo

Al día siguiente escalamos una vía más corta por la zona y llegamos a casa a tiempo para preparar la última incursión. Si hasta ahora habíamos escalado en arenisca, barro y granito… es turno del hielo. Vamos al Longs Peak (4346m), ubicado en el Rocky Mountain National Park, donde ya había escalado en roca en verano.

Longs Peak desde el lago Chasm. La vía elegida va por la zona izquierda de la pared y gana la brecha a la izquierda de la cumbre principal

Escalamos Alexander’s Chimney, donde pinchamos algo de hielo y mixto. De nuevo, al igual que en todos estos días pasados, tenemos la pared para nosotros.

En plena faena

Cumbre en el Longs Peak

Las vistas son inmejorables desde la cumbre. En la bajada somos zarandeados por un furioso viento que parece venido desde la mismísima Patagonia. El viaje toca a su fin y nos despedimos como mejor lo saben hacer en EEUU, a base de hamburguesa, bacon, huevos y donuts.

 

¡Hasta la próxima!

 

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 comentario

  1. Muy buen post, sigue escalando Javi!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *