Mi diosa, la montaña

Nacido en Zaragoza un 17 de abril de 1983 comenzaré a patear la montaña de recién nacido a hombros de mi padre Fidel y de mi madre Rosi, siempre acompañados de «Salta», mi hermanica Laura, también amante de la montaña aunque menos fanática que yo. A los cuatro años subiré al Salvaguardia y a los ocho al Aneto. Mi primer contacto con las cuerdas y con los arneses será con trece años gracias a la paciencia de Toño Marco y de Marivi Aguado en un curso de Iniciación a la Alta Montaña.

En la adolescencia me daré a conocer otros mundos y volveré a pastar en la vertical gracias a las tutorías de dos de mis MAESTROS Luichy y Carlos Carracedo. Con la mayoría de edad en compañía de dos grandes amigos, Dani «Sueco» y Jorge Duerto, enganchados a la rocaína iremos haciendo actividad desde la consciencia de que lo que más nos importa es la amistad y el valor humano del Alpinismo, todo lo demás va llegando.

En 2007 entraré en el Grupo de Tecnificación de Alpinismo de Aragón (GTAA) dónde compartiré cuerda con gente tan grande como Daniel Zaragoza. Participaré como técnico del GTAA y organizaré diferentes eventos de montaña y escalada con la idea de establecer conexiones entre el colectivo de alpinistas y escaladores aragoneses.

En febrero de 2012 entraré a formar parte como deportista de alto rendimiento en el Equipo Español de Alpinismo (EEA) dirigido por Mikel Zabalza y en el que comparto cuerda a día de hoy con grandes y excelentes compañeros con los que no falta el buen humor y el cachondeo.

En definitiva una corta pero intensa vida dedicada a la montaña que me ha llevado a conseguir escaladas Extremadamente Difíciles en la cordillera de los Pirineos, los Picos de Europa, el Atlas marroquí, la cordillera de los Alpes y en la Cordillera Blanca de los Andes, así como un intento de escalada en las Torres del Paine de la Patagonia chilena.

Escalada en hielo en el Pirineo

Sin embargo, ¿qué nos lleva a invertir tanto esfuerzo, compromiso y dedicación al hecho de escalar montañas?

Creo que mi respuesta, que no La Respuesta puesto que cada uno tendremos la nuestra es la de sentirme plenamente vivo. Desde que me ilusiono con un objetivo hasta que lo consigo pueden pasar desde horas hasta años pero el proceso de ilusionarse, buscar información, compartir el proyecto con un amigo o con varios, investigar, hablar con la gente, entrenar, seguir entrenando es ya un motivo lo suficientemente importante como para ir a la Montaña pero es que la cosa no acaba ahí. Cuando estás en ella las sensaciones crecen exponencialmente. Desde la alegría de encadenar un largo o hacer cima hasta el miedo de alguna sección expuesta. Desde la sensación de luchar por la vida hasta el hecho de sobrevivir con lo justo. Dormir bajo las estrellas en un vivac perdido, me encanta sentir una gélida atmósfera desde el calor de mi saco de plumas y me gusta recordar los momentos de tiritona desde el confort de mi casa. Creo que la Montaña da valor a lo cotidiano, a tomar un café con un amigo, a pasear, a sentir el Cierzo y a escuchar el Ebro cuando guarda silencio al pasar por el Pilar. Naturaleza viva. Soy feliz cuando veo volar en el cielo libre al Quebrantahuesos, me emociono al acabar una vía en Ordesa y contemplar la magnitud del valle. Aprecio la hermosura de la flor de nieve. Me encantan los abrazos con los compañeros, los detalles, los ánimos y compartir una pasión. Me gusta sentir la respiración entrecortada por el esfuerzo. Respirar me hace sentir vivo y eso es motivo suficiente para que esté feliz, plenamente feliz.

 

Sin lugar a dudas La Montaña es mi Diosa.

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3 comentarios

  1. Iñaki Gandiaga

    Tu respuesta es mi respuesta .Gracias por saber poner blanco sobre negro lo que pasa por la cabeza de muchos de nosotros .Eskerrik asko eta muxu bat alpinista .

  2. Cuántas cosas dichas en poco espacio. Solamente se puede escribir eso y así si se ha vivido y si se siente. ¡Emoción! Esa es la clave de la vida, en la montaña y en cualquier otro sitio. Y para sentir emoción hay que sentir muchas cosas más…, el frío, la sed, la amistad. Quizás todo eso junto es lo que conduce a la pasión…

  3. Hijo, soy tu madre y no sabes lo orgullosa que me siento . Tengo un hijo maravilloso, alegre y muy amigo de sus amigos. La montaña da todos esos valores. Sigue así e intenta no cambiar. Te mando mil besos orgullosos. Es precioso lo que has escrito. Mam

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